La chica de la maleta

A la pequeña ciudad de Maquitrán un día llegó Manolita, una mujer rubia, de apariencia normal. Manoli, como la conocían sus amigos, había llegado en tren, cargada con sus maletas, para instalarse en un pequeño piso en el centro de la urbe. Cuando llegó, y a pesar de que no parecía destacar por nada, todo el mundo hablaba de ella. ¿Qué era lo que la caracterizaba? ¿Por qué la gente hablaba de Manoli? Lo que la hacía ser una persona singular era su forma de caminar, o quizás más exactamente su manera de desplazarse. También se la conocía como la chica de la maleta. Siempre llevaba una maletita en la mano y no la dejaba nunca. No importaba dónde iba, porque ella siempre llevaba su maleta marrón y una larga cinta dorada de la que colgaba, y se desplazaba bailando y siguiendo un ritmo  interior.

Pasados unos días de su llegada a Maquitrán ya la conocía todo el mundo. A unos les hacía gracia, otros la dejaban pasar de largo, pero nadie era capaz de entender por qué ella no caminaba, ¡bailaba! Tampoco nadie sabía a qué se dedicaba Manoli. Vivía muy humildemente, vestía de manera sencilla, casi siempre con la misma ropa, vieja y gastada. A menudo la gente la trataba con desprecio, burlándose de ella y llamándola loca, tarada, pobretona…

Pasaron algunos años, hasta que un día llegó un rumor que se extendió por toda la ciudad. Manoli había entrado a formar parte del teatro de la ciudad y era la nueva bailarina principal del teatro.

–¿Cómo puede ser? Si era aquella mujer que llegó en tren hace unos años –decían unos.

–¿Cómo pudo ocurrir?, si la gente se reía de ella –comentaban otros.

Desde el día en que Manoli consiguió el papel dejó de ir bailando por la calle, y ya solo lo hacía durante sus actuaciones y giras por el mundo.

Cuando la gente iba a verla actuar quedaban sorprendidos de su perfección en el baile y de sus movimientos. Era una gran bailarina. Muchos se arrepintieron de haberla juzgado sin saber casi nada de su persona, otros pensaron que su constancia y su movimiento la habían ayudado a superarse, y otros creyeron que era una persona de una gran confianza y fe, pues si no se hubiera esforzado y no hubiera tenido fe en ella misma no habría conseguido nada Estaba claro que Manoli había luchado por unos objetivos a pesar de las dificultades.

Pero ¿qué guardaba en su maleta? Pues guardaba una piedra que le había regalado su Padre con un mensaje tallado a mano que decía: «Practica, hija, practica en cada segundo de tu vida, confía en ti, lucha por lo que quieres y nunca dejes de tener fe».

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