César Landaeta: “Que cada uno ponga su realidad sobre la mesa”

Casi es Navidad, en estas fechas nos envuelve una nostalgia por los recuerdos de otras épocas, nos reunimos con nuestras familias y en torno a la mesa recibimos al niño Jesús. Una realidad que casi todos los venezolanos hoy en día la ven muy lejana. En un caso han tenido que emigrar, y aunque puedan conseguir algo tan sencillo como los ingredientes para hacer una hallaca, no están con sus familias. Han tenido que irse a instalar “en casa ajena” y cuando falten 5 pa las 12 no irán a casa de la vieja a abrazarla porque está a miles de kilómetros de distancia. Los que están en Venezuela, además de estar pasando por la peor situación social, política y económica en años, muchos de ellos también viven la Navidad con sus casas vacías de hijos, nietos o sobrinos y,  a pesar de esto, “Hay que poner buena cara” porque es Navidad. Yo personalmente he vivido ambas situaciones y ninguna es cuestionable, pero muchos de los que están en Venezuela creen que los que se fueron tienen “suerte o están muy felices” y los que emigraron piensan que los se quedan no son valientes  o son cómodos y si regresan son unos fracasados….Hay que ponerle freno a esta manera de vernos pienso yo.

Mi amigo César Landaeta le hace un inmenso regalo a sus compatriotas. El está en Madrid hace varios años, y ha escrito dos libros uno para cada situación. Para los que se han ido del país “Venezolanos en casa Ajena” y para los que estamos en Venezuela “Al mal tiempo buena cara ¡No me j…..” sin duda dos grandes regalos de NAVIDAD que puedes hacer para aliviar el costo emocional de la separación y el desarraigo. Gracias por la entrevista amigo querido. ¡Disfrútenla!

¿Quién es más valiente el que se va o el que se queda?

​No sé si​ es adecuado poner este tema en términos de valentía, porque aparece su opuesto: la cobardía y no sería justo llamar a unos valientes y a otros, cobardes.

A mi forma de ver, la decisión se toma con base en las razones particulares de cada cual. Hay quienes pueden irse y quienes no; así mismo, hay quienes se ven forzados a emigrar porque evalúan que en Venezuela no tendrán más opciones de progreso o porque temen por sus vidas o las de sus familiares y hay quienes se quedan, porque confían en un cambio inminente. Son muy variadas y personales las opciones.

Hay una frase rodando por ahí “Nadie extraña más a Venezuela que el que aún vive en ella” ¿Qué opinas de esto?

Esta forma de pensar tiene un evidente fundamento psicológico.

La percepción del entorno depende en gran medida de la representación simbólica que le demos. -Y este es un punto que cae en tu plano de interés- Si tenemos una imagen establecida en la mente, nos aferramos a ella y nos relacionamos más con ella que con la que se percibe en la realidad (Se ve mucho en las parejas y en las amistades. Fíjate cómo alguien puede seguir anclado a otra persona, aun cuando las condiciones objetivas ya no sean las mismas).

Quienes viven en Venezuela y conservan imágenes de lo que era, digamos hace apenas 20 años, desde luego tienen que sentir una especie de “desrealización”.

Ese país donde vivir se concebía de una cierta manera, poco a poco se ha convertido en una amenaza constante y la gente camina sobre un piso movedizo que genera angustias difíciles de superar. No es fácil adaptarse a unas condiciones como esas.

Venezolanos en Casa Ajena ¿porqué nace este libro?

​Desde que los venezolanos comenzaron a plantearse la necesidad de emigrar se fue creando en mí la inquietud por averiguar cómo se daría ese fenómeno en un país en el cual sus habitantes no tenían tradición alguna al respecto.

Venezuela siempre fue vista como un país de acogida, no de salida hacia el exterior y menos con fines de residencia definitiva. El cambio de condición impone exigencias particulares a la personalidad de quien abandona su territorio para irse a aventurar en otras latitudes, donde encuentra una cultura y formas de actuar, a veces radicalmente distintas a la propia.

Aquí mismo en España, un país con el que estamos bastante familiarizados, he visto venezolanos completamente inadaptados. Viven en la nostalgia, son excesivamente críticos con su medio social, lo comparan desventajosamente con el que han dejado atrás y al fin de cuentas, no están ni aquí ni allá.

Es duro moverse con soltura en la “casa ajena” y por ayudar a mis compatriotas a entenderse bien consigo mismos, así como con el medio que les toque enfrentar, fue que decidí redactar ese breve, pero útil (creo yo) manual de afrontamiento.

¿Tu crees que alguien que emigra necesita desarraigarse?

​No necesariamente, pero es preciso revisar cada caso en particular. Conozco personas que han salido de Venezuela decepcionadas del país y no desean contactar con nada de allá. Igualmente, he visto otras que no se hallan sin las cosas que los identifiquen como venezolanos. Todo es cuestión del tipo de experiencias que cada cual haya tenido. No critico a quien se desarraigue. Tendrá sus razones.​

¿Al mal tiempo buena cara? ¡No me J….? ¿Es cierto que lo has escrito pensando en los que se han quedado?

​Eso es cierto solo en parte. Como sabes, no soy en absoluto partidario de lemas cómodos o invocaciones al “pensamiento positivo” como fórmulas para resolver problemas REALES.

La idea de plantear métodos más efectivos de enfrentar las crisis estaba rondando en mi mente desde hacía tiempo; pero fue necesario que Beatriz Rozados, de Ediciones B me propusiera un libro para ayudar a la gente que lo estaba pasando mal en Venezuela, para que me lanzara en este proyecto. El título surgió casi en forma automática (y lo ha publicado Tecniciencia).

Necesitaba algo que tradujera la rabia impotente de muchos que soportan cada dia las penurias de un país en crisis permanente. ¿Cómo pedirle a alguien que está en tal situación que ponga buena cara? ¡No me J…!

“Regresar a Venezuela es un fracaso” ¿Qué opinas de eso?

Depende de lo que entienda cada cual como “éxito” o “fracaso”. Las expectativas que se tengan sobre la emigración van a condicionar mucho la evaluación final. Si saliste a “hacerte rico y ser feliz”, pero no lo conseguiste y te ves forzado a regresar, puedes ver el resultado como un fracaso. En cambio, si tu actitud era: “Voy a hacer lo mejor que pueda por ser exitoso y si no puedo, siempre tengo donde retornar”, entonces te será menos frustrante la experiencia y habrás aprendido algo de ella. En ese sentido, no sería un fracaso.

​¿Irse de Venezuela es una bendición?

​De nuevo tengo que responder en términos relativos. Emigrar no es fácil. Se necesita mucha preparación emocional, una visión exacta de lo que se debe afrontar y tener los recursos de flexibilidad, adaptabilidad y resistencia para salir adelante en la “casa ajena”

Si logras la meta propuesta, puedes ver la decisión inicial como un acierto. En caso contrario, lo mejor es hacer una revisión no de la suerte o de cualquier otro factor que no sea tu misma estructura de personalidad.

¿Qué le dirías a los que se han ido y a los que se han quedado?

​Sinceramente y de todo corazón, me gustaría dar palabras de aliento y esperanza sobre el país a quienes están en Venezuela. Pero como trabajador de la salud mental, sé que la luz al final del túnel no depende del ambiente externo sino de aquel que lleves en tu interior.

La capacidad que se tenga para resisitir condiciones adversas, para luchar con un propósito digno de lograr una mejor vida; la determinación de no perder la fuerza y preservar la alegría vital; el coraje para no derrumbarse y continuar con la mirada centrada en el propio bienestar, son instrumentos que garantizan la supervivencia, más allá de los avatares cotidianos.

No les pido que pongan al mal tiempo buena cara, sino que ajusten sus respuestas al tamaño del desafío. Si tienen rabia, es lógico que así sea. Si están tristes, pues, hay que aceptar la tristeza y hacer algo útil para resolverla. Y si están alegres, ¡felicitaciones!, sabrán ellos el porqué.

A quienes se han ido, solo les recuerdo el deber que tienen para consigo mismos de estar bien y para el nuevo país donde se encuentren, el deber de portarse correctamente en la “casa ajena”.

¿Irse o quedarse?

​Que cada uno ponga su realidad sobre la mesa, evalúe sus recursos personales y mida el alcance de sus planes. Si le conviene quedarse, asuma su decisión con inteligencia y no trate de imponérsela a los demás. Igual para quien crea que le irá mejor en otra parte. Nadie puede juzgar lo que solo el individuo en privado ha tomado en cuenta para hacer sus proyectos de vida. Mi deseo para ambos sectores es que obtengan de su esfuerzo el mejor beneficio posible. ​

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